martes 1 de febrero de 2011

Lanchitas vicio


Evidentemente la cosa cambió. El hombre de la casa tiene una cola de caballo bien rubia y su actual marido duerme y se lame las patitas día y noche. Hijos no tenemos por ahora y aunque ya se me está pasando el cuarto de hora no pensamos adoptar por el momento. Tampoco es que lo hemos conversado mucho. Recién estamos acomodándonos con mi sueldo. Él no consigue. Tampoco busca mucho. Yo no insisto. Las presiones no me van. Soy alguien bien “presionable” y sé pararme en la vereda de enfrente. Uff! Como lo justifico… Pero está a mi lado ¿y que más quiero?

Casi no rompe nada. Está enorme como esos gatos a los que les cortan los testículos. Nunca entendí bien, pero lo he oído mil veces. “Ese gato está castrado por eso es gigantesco”. No es igual el caso entre los seres humanos. A los varones de nuestra especie les pasa distinto, a ellos la voz se les aflauta como a los Air Supply, Pet shop boys o Bee gees. Mika, por ejemplo, debe tener un sólo testículo porque aflauta de a ratitos. Yo supongo que la voz se les agudiza del grito de minita alarmada por un roedor en la cocina que pegan del dolor cuando se los cortan y no hay vuelta atrás. Eso sí… No crecen ni un poquito.

- Me voy a trabajar. ¿Sabés? Sé buenito. Dejo puesto “Animal planet”, tenés comida en el platito y vodka en la tapita del desodorante de ambiente.

Camino diez cuadras por la vereda del sol. Tomo el colectivo 765 de cartelito verde agua y en veinte minutos estoy en el puerto. El entorno al llegar es medio desprolijo por no decir villero. Son dos cuadras al bajar del colectivo que camino medio aterrada aferrada a la cartera subestimando a cualquiera que se me cruce. Y nada, sólo son dos cuadras, cuando llego la historia es otra. La empresa esta buena. Ver gente irse, llegar, visitar, despedirse y reencontrarse es increíble. Casi nunca viajo y la gente se embarca todo el tiempo. Tengo el río a mis espaldas con un horizonte incierto, bah incierto. Sé que a unos metros más de ese horizonte se encuentra Colonia y como no conozco no es más que un horizonte, una gran incógnita, un triángulo de las Bermudas que te traga durante unos pocos días en medio del Río de la plata. No es más que tierra firme del otro lado y nosotros (me puse la camiseta de la empresa) sólo un confortable medio de transporte.

Entré en la recepción de “Lanchitas vicio” y ofrecemos lanchas al Uruguay. Todavía no me subido a una en plan viajera. Me marea un poco cuando las lanchas están amarradas y las veo ondularse en el puerto. Al puesto de azafata le huí, podría haber sido un papelón vomitar al pasaje y no tener forma de escaparme porque nadar no sé. Me animé a la recepción y los beneficios del aire acondicionado. El traje que me dieron es con aires de marinera: sombrerito, camisa blanca y una falda tiro alto azul marino, obvio. El edificio no es muy grande, con enormes ventanales como si fuese una cajita de cristal con soportes en material de color hueso, blanco impecable. Me tratan como una reina. Son todos muy agradables. El servicio por ahora es impecable así que la gente va y viene con una sonrisa de oreja a oreja. Creo que en esa cajita de cristal encontré mi lugar en el mundo. El río me relaja, el sol me “encalidese” por todos lados siendo resguardada por paredes de cristal tipo cámara gessel y el agua dulce como psicólogo mirón. Cualquiera. Nunca usé metáfora más tirada de los pelos pero el clima siempre es tan ideal que estoy siendo tan positiva que ni Érica García podría haberle puesto más onda.  

Coqui viajó mil veces a Uruguay dice que tengo que conocer, que si quiero podríamos ir juntos a descansar un fin de semana. No está mal la idea más ahora que hasta gratis podría viajar. El tema es ¿qué hago con el gato? En casa de Mirta podría pasarle cualquier cosa. A las siamesas les encantan los animales pero son un poco torpes podrían estrujarlo de un abrazo y tendría que enojarme mucho con ellas, y como las quiero demasiado, terminaría enojándome conmigo misma. Circuito es lo que me queda de Robotito, gran dilema. Pensé en mamá pero forever and ever sobrevolará aquella locura del patito que nunca me perdonó y never and ever pude ser lo suficientemente clara y libre de corazón para tener una conversación adulta y explicarle lo que verdaderamente sentí en ese momento para hacer lo que hice. La abuela tiene sus gatos y allí “no cabe un alfiler” y menos si ese alfiler tiene cuatro patas. Podría llamarla a Olvido. Después de todo sería solamente un fin de semana. Un fin de semana que aún ni fecha tiene.

- ¡Olvi, te morís! ¿A qué ni te imaginás quién acaba de subirse a una de las lanchas?
- Estoy ocupadísima. Otro día me contás…
- ¡Mirta, te morís! ¡Tengo un chisme con el que tirás toda la semana con las del barrio!
- Rolón no me deja hablar en sesión. Ya está anotando todo esto. Chau.
- Coqui, estoy exaltada recién estaba recibiendo gente y…
- Dejá tu mensaje después de la señal. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiip.  

Grrrr. Nunca están cuando una los necesita. Encima el de la oficina me mira para que deje de hacer llamados y me encargue de los pasajes de una pareja de jubilados medio cajetillas hiperbronceadísimos que hablan en portuñol. No puedo dejar de ver a Silvio Soldán con un traje gris de media estación que viaja a Montevideo con una señorita rubia medio felina para no perder la costumbre. La señorita tiene una venda en la nariz seguramente producto de una rinoplastia y él muy caballero pero con olor a naftalina. En realidad no estoy segura si lo del olor lo inventé o qué. Siempre lo imaginé con ese olor y por ahí distraje en aquella fantasía y lo crucifiqué “aromísticamente” hablando. Ella seguramente será famosa en cuestión de semanas. No quiero borrar su rostro de mi cabeza pero los jubilados no paran de distraerme con una seguidilla de palabras al estilo Carmen Yazalde y Cau el de Valeria Lynch con mil años más, que no entiendo nada. Colapsé en cholula.     

Mi turno ya termina. Guardo todo rapidísimo. Quiero llegar a casa y enterarme si lo de Soldán ya es noticia. Me encanta la fantasía de que yo sola lo sé aunque en el colectivo tengo ganas de contar esta pavada. Con mis amigos estoy ofendida. Sé que es una pavada pero estoy positiva y la vida me sonríe. Una vez en la vida que le meto onda tengo que aprovechar y aferrarme de estas pavadas para sentirme viva. ¿Se me chifló el moño? No lo sé pero estoy bien. Se lo cuento a un tipo que tengo sentado al lado mío, un pelado de contextura muy chiquita.  

- Silvio Soldán viajó recién a Montevideo con una rubia toda operada. No aprende más este tipo.
- Realmente – Me contesta el pelado. Tengo la sensación que ni siquiera estuchó lo que le dije y respondió automáticamente y sin ganas como cuando alguna vieja me comenta cualquier estupidez que no me interesa en la cola de “Gas porteño” luego del segundo vencimiento. Igual no me interesa, me quedé con el detalle de la voz de pito del pelado. No pude evitar ponerme a pensar si tenía o no testículos. De preguntarle me recibía de desubicada.

En la tele ni nombraron a Soldán. Hablan solamente de realitys y las compañías que llenan o no en el teatro. Compañías que en algún momento disfrutarán de la participación de la felina operada que vi con Silvio hace algunas horas.

- ¿No te jode que le diga felina a la novia de Silvio, no? – Circuito es el único que me escucha. Al menos escucha y no me hace sufrir aunque me haga estornudar. - ¿Y ese sobrecito?

- Lo dejó el cartero esta mañana.- Me contestó Circuito. Nah mentira. No hablamos el mismo idioma Jajaja. Sólo se limitó a bajar el sobre de la mesa del comedor, lugar donde él mismo lo había dejado para que no se extraviase, y entregármelo con sus patitas.   

“Las poderosas aguas no pueden apagar este amor” (Cantar de los Cantares 8:7) Olvido y Álvaro.

Se casa mi hermana. Es así como todo cierra. Era su casamiento lo que la tenía tan ocupada. Quiere que sea testigo de su boda. Ahora yo me pregunto… ¿Desde cuándo tan religiosa la mina esta? Acto seguido no hice más que acordarme de Bernardo Stamateas. 

1 comentarios:

Showmethelook dijo...

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