- Que los cumplas feliz…
- Que los cumplas feliz…
- Gracias por llamar.
- Alguna tenía que hacerlo.
- Estaba por hacerlo en un rato. Desde la hora cero estaba por hacerlo.
- ¡Callate!
- ¿Comemos hoy o mañana?
- ¿No hay fiestón?
- No.
- Estoy muy ocupada.
- Yo no. ¿Qué estás tramando?
- Dame tiempo. Ya te enterarás…
- Dale, decime.
- No.
- Bueno entonces adiós.
- A Dios no lo vas a ver nunca.
- Y vos menos, Tarada.
A Walter se le está haciendo costumbre enfermarse los jueves y faltar al programa. No se que pensar. La Sinred no da explicaciones. No entiendo que está ocultando. Las viejas rezan pensando que está haciendo algún tratamiento oncológico. A mí no me cierra. A punto de llamar a la parte comercial para exigir una repuesta haciéndome pasar por una empresa avisadora, caí a tierra de lo delirante del posible accionar. A veces siento que me obsesiono con idioteces como esta. A veces siento a Walter enemigo de la pequeña Esperanza de pintorcito en “Carita de ángel” esperando ser vengada en algún momento por esta mujer que necesita ir sacándose mochilas de tela rellenas de bulones de ferretería. Pedí “I am what i am” de Mark Owen.
- Mi gracia es Griselda de Sarandí y esta mañana tenía ganas de “I am what i am” de Mark Owen. Cada día rezo por Walter. La radio está buenísima.
Algún día tendré que contárselo a un psicoanalista. Mirta quiere atenderse con Rolón. El otro día me contó por teléfono que está juntando dinero para darse el gusto de pedir una consulta con él. Le dije que no sea boba que el tipo no debía tener ni consultorio, ni título oficial. Me dijo que tendría que abrirme un poco y leer alguna de sus publicaciones. Quedó en pasarme su último libro a penas lo termine. Veré de qué se trata.
Últimamente me la paso estornudando y aún no estamos en primavera. Hay días que tengo que recurrir a esos antialérgicos de venta libre en farmacias. Porque se me hace imposible recargar el trago de Robotito sin que me pique todo. Coqui dice que es porque estoy movilizada. Yo digo que soy alérgica a todo y listo.
Mi idea era comer con Olvido y así oírla hablar solamente de sus cosas. Permanecer callada o bien aconsejarla con cosas obvias o responder con monosílabos para mantenerme participe. Está ocupada y no puede. Pensé entonces en ir sola al cine y comer alguna pavadita por ahí. De paso comprarle algo por nuestro cumpleaños, seguramente nos veamos en los próximos días si es que se desocupa.
No sabía que regalarle a mi propia hermana. Caminé mil horas y no se me caía una idea. Me llegué hasta “Libre como un libro” y me la pasé mirando títulos un rato largo. Me siento muy idiota al entrar a una librería. Una ignorante. Me da vergüenza averiguar o pedir una aproximación a la hora de regalar algo. Me llegué a los de autoayuda. A Olvido le encantan esos libros. Encuentra la clave del bienestar continuamente en ellos. Dice que Osho le salvó la vida y ni hablar de los cuentos de Bucay. Un día me reí de Galeano y casi me pega una trompada. Son muy cursis sus libros según he hojeado. Pensé en Rolón pero quería leer lo que le regalase antes de entregárselo y Mirta me prestaría su última publicación. No tenía sentido.
Miré de pasada una publicación de bolsillo sobre el significado de los nombres y Esperanza es la que confía en Dios. Olvido no aparece en ningún recoveco del texto.
Finalmente di en la tecla. Tantas horas viendo televisión seguramente me llevaron hasta “Gente tóxica” de Bernardo Stamateas. Me reí por dentro. Lo sentí adecuado. Era la excusa perfecta para leerlo y ver sin culpas de qué se trataba. Tuve vergüenza hasta que lo vi envuelto. Lo acerqué a la caja siempre con la contratapa a la vista para no quedar escrachada ante los otros clientes y empleados que seguramente me creerían una loca desesperada con mala lectura en su haber.
El estar en la calle me purificó la alergia. Encima esa costumbre de rascarme los ojos que me deja deshecha, desfigurada. Volví a casa suponiendo que Robotito tenía sed. Todo el día retumbó la canción de Mark como soundtrack de mi cumpleaños. Compré tres empanadas de humita para la cena al regresar como símbolo de autodestrucción, de lo tóxica que una puede ser consigo misma.
- Stamateas debió pensar en mí cuando ideo el libro. Muchas veces la peor toxicidad es la autotoxicidad, la que no permite ver más allá de tus propias narices.- Pensé en voz alta
Me calló la ficha y ni siquiera llegué a leer el libro. Lo dejé para otro día. Pensé en Mark Owen, en mis sueños de adolescente, en los bulones, en la cantidad de mochilas de tela que habré desfondado durante toda mi existencia. Estornudé pero no me rasqué ni la nariz, ni los ojos.





3 comentarios:
linda muñequita!!
juajuajua!!!! adoré el videillo!
genial Espe!!!!!!!!!
todavía no leí el text, vuelvo mas tarde y te comento.
Hola!!!!!!
Feliz cumple!!!!
Perdón por mi morbo, pero esa muñequita tiene pinta de …..perdón.
Una pregunta como hiciste el “te gusta” de facebook, no lo puedo hacer….gracias.
.Que tengas una buena semana.
Un abrazo de oso.
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