sábado 16 de enero de 2010

Llegó Pepa Noel


Uno de jamón, queso, mayonesa, morrón y aceitunas verdes y el otro de palmitos, salsa golf, huevo, lechuga y nuevamente queso. Piononos de fin de año en bandejita símil plata, cubiertos con un bonito y húmedo repasador de cocina, listos para ser gordinfloneados en la mesa familiar de año nuevo en casa de los Lacaroza. Fueron un éxito afortunadamente, a la abuela Paca casi más le da una pataleta de todo lo que se metió en el buche. Estaba muy emocionada la pobre.

Ricardo Rubén (papi) organizó todo tan puntillosamente que verdaderamente no me dio el alma para decir que no. Intuía que algo se traía entre manos reafirmándolo por completo al oír que la abuela Paca trasladaría su masa corpórea hasta nada más y nada menos que la casa de mi madre. Si fue tres o cuatro veces en toda la vida es exagerar. Evidentemente si la abuela se arriesgaba a jugar de visitante era porque algo grande ocurriría. No pensé en catástrofe, solamente soñé con un nuevo empezar, con alguna que otra limadura de asperezas, como quien pasa escofina en el talón a la hora de borrar una callosidad curtida en suelos agrestes como en toda familia.

Edda estaba preciosa, nunca vi tan linda a mi mamá, aunque es un poco torpe subida a esos suecos con taco chino que supuse fueron regalo de Olvido. El Paloma Picasso que usa desde hace miles de años en ocasiones especiales, pantalón palazzo oscuro y una blusita blanca muy liviana.

Me dio un tímido y cálido abrazo. Sentí que harían un anuncio importante. No imaginaba que podría ser. ¿Un viaje? ¿Hermanito en camino no creo? Gran sorpresa.

Fui la última en llegar. Nuevamente impuntual, nadie dijo nada. Desencajada como siempre, intentando hacer miles de cosas a la vez y evidenciando ansiedad superponiendo palabras, como un cocainómano que se dio un toque de gracia antes de irrumpir solito en una cotidianeidad a la que no está acostumbrado. En resumen, uno o dos cambios más arriba que el resto. Fue solamente efecto de primer impacto, luego me acomodé. Suerte que mi exposición sería diluida sanamente por personalidades realmente más arrolladoras.

Ricardo Rubén vació de porquerías el techito delante de la casa que funciona como garaje y armó la mesa con absolutamente todos los detalles cuidados. Edda alardeaba haberlo dirigido aportando el buen gusto femenino, para no ser menos que el mentor de todo esto. Lucecitas intermitentes algunas dentro de un falso parral de uvas y otras marcaban el perímetro del techito con columnas de hierro formando una estrella de Belén en el centro, viéndose a lo lejos como un pesebre en donde comimos como chanchos. Mantel blanco, servilletas coloradas, margaritas del jardín y 10 vasos lindos e iguales (increíblemente).

- Sobran vasos, casi estamos los que somos... – Dijo la abuela Paca que tiene siempre todo bajo control.

Silencio rotundo. Edda miraba a papá, como niño que cometió una travesura inocente y no se arrepiente, sentada en el apoyabrazos del silloncito (trono) donde estaba papá y funcionaba como una de las dos cabeceras de la mesa.

- Espe, Olvido, Edda, Pirincho, el novio de Olvido, el vecinito que siempre viene a brindar, vos y yo. – Sumó Paca desde el trono opuesto. – Esperamos… ¿A quienes más?
- ¡Ay mami sos terrible! –
Dijo papá devolviendo la misma mirada a Edda.

Silencio rotundo. Papá y Edda resultaban muy molestos de tanta intriga adolescente, cuchicheaban como en hora libre.

- Álvaro convidalos con esas “Vaginas babosas a la vinagreta” que trajiste del restaurante afrodisíaco para que degustemos. – Dijo Olvido, mientras ella misma abría el paquete y repartía en cada platito de entrada.

La abuela abrió los ojos como el dos de oro. No aceptó ni media “Vagina babosa a la vinagreta” como era de esperarse.

- Seré curioso… ¿Quién es el mocosito que viene siempre a brindar? – Dijo Alvaro metiéndose una vagina babosa a la boca.
- Es Nazareno, el vecinito de al lado, es como uno más de la familia, se la pasa en casa. Cada Navidad Papá Noel, le deja un calzoncillo en el arbolito y él lo recibe chocho. Ahora se puso cancherito el pibe, pero de chiquito era el más idiota del barrio… Vieras como lo tomaban de punto… Es el hermano varón que nunca tuve. – Dijo Olvido a su novio.

Entre nosotros, siempre sospeché que Nazareno fue un desliz de mi papá con la vecina. Nunca nadie habló del tema, pero siempre percibí tufillo. El chico no tiene la culpa y creo que mi papá tampoco. Un desliz, es un desliz y de alguna u otra forma Ricardo está al pie del cañón cuando el chico lo necesita.

- Todo muy lindo pero siguen sobrando dos lugares en esta mesa. – Insistió la abuela, siendo interrumpida por el timbre.

Siempre detesté el timbre de la mayoría de las casas del Benito Corpiño. Especialmente el timbre de la casa donde nací. Es penetrante. ¡Riiiinnnnnnnnnnnnggggggggggg! Bien antiguo. Cada vez que suena provoca un preinfarto en al menos el 50% de los presentes en el lugar. Debe ser consecuencia de ese timbre el hecho de sobresaltarme con cualquier tipo de aviso de alarma o ringtone. Juro, envidio que a los sordos se les encienda una luz de aviso cuando alguien toca a su puerta. Tendría que implementarlo.

- ¿Nadie piensa abrir? – Retrucó la abuela una vez que nos recuperamos del temblor, resultado del shock sonoro.

Papá se levantó de inmediato del trono con carita de “Feliz cumpleaños”, mientras la mirada de los presentes se dirigió a la puerta del cerco que está a algunos metros delante de la casa.

- ¡Feliz año nuevo mami, llegó Pepa Noel! – Dijo Papá enternecido.
- Pero aún no es año nuevo y Papá Noel vino hace una semana. – Dijo el nono Pirincho, mi abuelo materno, mirando el reloj.
- Pepa Noel, abuelo. – Dije sin quitarle los ojos de encima a la abuela.

La abuela se quebró internamente con la corteza intacta. Conozco sus ojos. ¿Qué mejor regalo de fin de año? Papá se pasó y mamá oficiaba de coproductora, pretende ser protagonista todo el tiempo.

- Noel, hija mía… Hackett, vení con la abuela.

No conocíamos a Hackett. Es un mini Coqui de 8 años que solamente habla alemán y tiene la cabecita constantemente metida en el iPod. Me hizo acordar mucho a mí, solo que yo a su edad tenía la cabecita metida en el horno de una cocinita de juguete que ni gas largaba.

A Pepa la vi pocas veces, pero siempre oí hablar de ella. Rebelde sin causa. Peleó con la abuela y a los 20 años se fue a Berlín tras conocer a un músico alemán que estaba de paso. Ella siempre punk, tatuada, divina. Reconozco que Pepa se excedió. Tengo algún lejano recuerdo que fue adornado por la cantidad de veces que se habló del tema desde que sucedió allá lejos y hace tiempo. La abuela no soportó que Pepa y Ferdinand irrumpiesen en aquella pacífica mesa de Navidad con bolsas enormes completamente vacías obsequiándonos teóricamente, a los presentes, elefantes de colores. Recuerdo estar con mi hermana descostilladas de risa en la alfombra mientras todo era un caos. Acto seguido alguien la bautizó “Pepa Noel” y solamente regresó un par de veces muy de paso para que a la abuela le quede claro su arrepentimiento, supongo.

No pude dejar de admirarla. Es imponente. Parece Marie Fredriksson de Roxette pero con el pelo un poco mas largo. Yo ocupé su lugar viviendo entre sus cosas en el momento que fui condenada por mis padres a pasar varios años en casa de la abuela y siento un apego especial y hasta deslumbramiento aunque Pepa no lo sepa.

¡Wow que ilusión! Cada trapito sucio quedó sin lavar. Comimos como una familia funcional. Hablamos como gente grande. Hablamos del mundo, de cosas serias y a la 12 descorchamos sidra. Llegó Nazareno y Olvido montó una vez más el numerito de pararse con la copa en un rincón observando especialmente al abuelo Pirincho que “la conmueve”, siempre cree que será el último año del abuelo entre nosotros y cada año sigue en pie.

Edda propuso que cada uno de nosotros escribiese en un trozo de papel un deseo para el 2010, absolutamente todos aceptamos el plan y posteriormente esos trozos de papel fueron quemados entre las brazas del cordero.

Pedí por los dos, como siempre. Pedí por Robotito y por mí.

7 comentarios:

Sebastián Sastre dijo...

Que karma ese Robotito... cerrando una linda lectura y ahí él, aparece...

Oh! Magnolia dijo...

Ssssho también quiero una pepa :P
Que fiestón Espe... deberías mezclar alguna droguiña.

Ursula dijo...

de visita por aca :)

pira.maggenta dijo...

paso
me gusta tu blog =)
besote.

pira.maggenta dijo...

m gusta tu blog
=)
un besote.

Chap! dijo...

Faltaban Julián Weich y Maby Wells. O Cabak y Luli Fernández. O Andrea del Boca y tres puertas.

Robotito dijo...

Robotito no está en ningun lado y al mismo tiempo está en todos los lugares a la vez, Sebastian Sastre