sábado 17 de octubre de 2009

Palmada sudafricana


A veces una idea provisoria parece fantástica en un principio de intento resolutivo. A veces esa idea provisoria crece tanto que las consecuencias terminan siendo tan enormes como los temitas de miopía que padece Coqui.

Más bien fue un manotazo de ahogado que gestamos cuando vio que mi cara no era la adecuada para servir mesas en el restaurante. Medio que se lo había anticipado en un mensaje de texto horas antes pero lo que imaginó fue una exageración clásica de señorita coqueta ante un granito insignificante. Nada más alejado. Daba impresión. Un monstruo digno de clip de deformidades humanas en Youtube con el que con Robotito nos hubiésemos deleitado durante horas una noche de vodka con jugo de naranjas entre videos de María Marta Serra Lima y raras criaturas de las profundidades marinas aparecidas en la costa luego del tsunami del 2004.

- ¡Puaj! - Atinó a decir Gonzalo, frunciendo toda su expresión. Suerte que Gala aún no había llegado. Un segundo duró la idea de hacer cambiazo con Julita la bachera, cosa de pasar la noche en la cocina fregando platos mientras la muchacha haría lo imposible en el salón. Subestimamos a Julita, todos la creemos ignorante.

¿Todos? ¿La creemos? Ay me desconozco. Si sabré en carne propia lo frustrante que es ser subestimada. Temo convertirme en esta gente y olvidar de donde vengo. Si hasta tuve que mentir en la entrevista siendo y todo que venía bien recomendada por Coqui alardeando desde la culpa una supuesta experiencia de casi un año en “Big Tito”.

Visto a la distancia Julita podría haberlo hecho mejor. Visto a la distancia fuimos más ignorantes que Julita. Ignorantes, estafadores, agresivos, racistas, calientabraguetas, mentirosos, tumberos.

Era mi labor y responsabilidad que los de la embajada sudafricana quedasen encantados con el lugar, habían pagado mucho dinero para reservar a último momento el tablón más codiciado del restaurante.

Con Gala no se puede contar, es una bomba de tiempo últimamente. Confronta por pavadas y efectivamente un romance más que pasajero la unió a Gonzalo y el resentimiento es evidente. El tipo es un seductor nato y la minita se quedó con la vena en el ojo. ¿Y yo que culpa tengo? A ver… La mina sufre por amor y labura bajo el mismo techo que el tipo que la usó como un perro y no solo eso, el tipo es su jefe y un bomboncito. Y ahora ese tipo que es su jefe y un bomboncito coquetea y encomienda labores importantes a una rubia medio sumisa recién aparecida en escena: O sea yo. ¿Soy botín de guerra? ¿Gonzalo es botín de guerra? No me gusta Gonzalo y Gala no lo sabe ¿La furia de Gala es justificada? ¿Estoy dándole muchas vueltas al asunto? No lo se.

Esta gente llegaría a las 9 en punto. Nosotros en “veremos”. Julita en su mundo entre pompas de detergente y Gala empapada en ira (una ira justificada, obvio) viviéndolo como una provocación. Gonzalo y yo esperando Jean Paul encerrados en la oficina.

Jean Paul Pincheira llegó cual gacela emperifollada con maletín de trabajo. Se dispuso a hacer su gracia. Natural 2, 3, 4, 5 y nada…

- No hay caso che… - Dijo Jean Paul mordiéndose el labio inferior. Silencio rotundo. Yo estaba entregada como Verónica Castro en las manos del Doctor Juri. – ¡Tengo una idea! A ver, voy a intentar… un momentito, un momentito. ¡Ya está!

Me pintó cara de mulata, mulata rubia de labios gruesos y ojos rasgados. Beyonce era una negrita de mierda comparada conmigo. Gonzalo quedó chocho. Jean Paul me fotografió para su porfolio. Todos contentos, todos menos una, como era de esperarse. A millones de kilómetros en máquina del tiempo habían quedado los 25 de Mayo vendiendo empanadas de carne con pasas de uva vestida de mazamorrera siendo el hazme reír en los actos del colegio.

9:15, todo en marcha. Los sudafricanos como en casa. Yo una más, entregando el menú a los comensales. Los diplomáticos muy bien vestidos y la luz baja por las dudas. Ahí advertí la primera mirada simpática del embajador sudafricano en Chile, Motumbu Tumbo y contesté con una muequita de cortesía. Todo iba sobre rieles.

Gonzalo tiene la costumbre de empezar a tomar alcohol, despacito y desde temprano en la barra donde maneja el boliche, y observar todo en plan “Big Brother” para que nada falle. En tanto Gala observa a Gonzalo con sentimientos seguramente encontrados desatendiendo su quehacer. Yo empapada de confianza y amor propio derrochaba calidez. ¿Calidez mal interpretada? No era la oferta del día, simplemente me estaba permitiendo sentirme linda. Jugaba a la negrita diosa de videos R & B entre mis ahora colegas de piel.

Los diplomáticos pidieron puchero y la Dama Juana más añeja. Eran alrededor de 10 entre hombres, mujeres y un hombrecito negro igualito a Webster al que insistí en ubicar en una sillita alta pensando que era un nene hasta que oí en perfecto inglés la voz matada a vicios que expulsó sintiéndose burlado.

Motumbu Tumbo era evidentemente soltero, no usaba alianza en el anular izquierdo. A lo largo de la noche se generó que una especie de tensa seducción entre nosotros. Cruce de miradas algo incómodas interceptadas por los ojos vigilantes y tantito borrachos de Gonzalo.

La calma tensión duró hasta el postre, optaron por “mandarinas el malbec”. La calma tensión estalló en caos cuando la mano fue tan veloz como la vista de Gonzalo que saltó como si hubiesen roto un copón de vino. Motumbu me tocó al pasar. Motumbu me rozó la cola mientras entregaba el postre al Webster sudafricano. Me quedé helada un instante tratando de decodificar el impulso del morocho. Ese instante bastó para el jefe salte como leche hervida contra el diplomático propiciándole toneladas de insultos discriminatorios a 3 centímetros de la cara. Los diplomáticos aún conservaban la diplomacia. Los contrincantes empezaron a empujarse y poniéndose fea la cosa en el tumulto cuando la transpiración del mal momento se hizo presente comenzando a desteñirme progresivamente hasta quedar manchada como un dálmata tratando de separarlos. Y ahí si… adiós diplomacia. La comunidad sudafricana sin saber del acoso saltó por Motumbu y exigiendo, supongo, explicaciones de mal modo empezó a acosarnos como a quien cometió un ilícito, mientras Julita trataba de rescatarme implorando – ¡No la linchen, tiene vitiligo… Tiene vitiligo! - En tanto Gala juntaba sus petates y huía por la puerta de atrás a paso silencioso. Del resto ni noticias mientras se nos venían los negros encima.

Pasé una noche detenida, caí en la volteada por averiguación de antecedentes. Gonzalo tiene un par de días más en la sombra. Motumbu acusó Parkinson y la insignificante palmadita fue caratulada un accidente. Insignificante o no fue lo más cercano a un piropo que he tenido desde hace tiempo y lejos de ofenderme estuve.

2 comentarios:

Fran dijo...

JODEME!

Ronu dijo...

mi segundo nombre es Gonzalo :) jajaaja Pobre.. Cuando hace falta el pan en la mesa.. nos pintamos con corcho