jueves 1 de marzo de 2012

Menos mal que no me casé

Menos mal que no me casé from Esperanza Lacaroza on Vimeo.

- Menos mal que no me casé… – agregue medio susurrando entre mate y mate conversando en casa de la abuela Paca. Es que la veo de tan mal genio a Olvido que me siento afortunada. Pensaron en cancelar la boda cerca de 15 veces en los últimos días. La abuela me entiende y me dio la razón solamente con un silencio mientras acorralaba contra el florero unas miguitas de budín marmolado con pasas de uva, no sé por qué hizo eso. Ni se imagina que la vi escondiendo las migas en el florero.

La abuela evita el tema casamiento. Ojo, el tema del casamiento de Olvido no es el problema, el tema de mi “no casamiento” es el que trae cola. Volví a mirarla a los ojos, tragó saliva y ni “mu” de nuevo.

- Menos mal que no me casé ¿o no? – repetí en un tono más firme para incomodarla un poco más.

– ¡Qué horror, nos quedamos sin té! – respondió corriendo a la hornalla para calentar mas agua. 

En principio la abuela odió que me fuese a vivir con Felipe sin previo casamiento. Me odió, me sintió endemoniada, trola, maleducada, deshonesta, desagradecida y mil cosas más que no quiero detallar. La abuela Paca creyó que estaba enamorada y en pecado, cuando decidí mandarme a mudar esta vez por “voluntad propia” de casa de papá y Edda para unirme en santo pecado con Felipe. Me la banqué solita sin el pulgar arriba de nadie y si me hubiese casado tal y como propuso la familia de Felipe por la iglesia evangélica la abuela también se hubiese enojado porque odia a los evangelistas. Una vez la oí decir en otras palabras que los pastores son medio ordinarios, chorros, orilleros al igual que sus familias y Dios debía estar horrorizado con ellos.

La familia de Felipe quería un vestido casi de mantel con puntilla y miles de flores artificiales de color rojo por todos lados entrando al templo escoltada por un montón de mocositos de no más de 6 años vestidos con réplicas perfectas de nuestros trajes en miniatura y yo ahí desencajada sonriéndole a un fotógrafo con rasgos norteños en un clima árido con sidra en copas de plástico, chizitos y papas fritas en la mesa de saladitos y en un sector privilegiado, miniaturas de Marge y Homero Simpson vestidos de novios por sobre la torta de tres pisos. Visto desde aquí el álbum de fotos sería para alquilar balcones, Robotito y Coqui se hubiesen dado una panzada grande como una casa. A mi ahora me da un poco de risa imaginarlo pero montar tanto circo sólo por querer vengarme de la idiotez de mi madre hubiera sido demasiado para una pibita de 18 años, ¿Aunque, quién habría de quitarme lo bailado?

- Les compré diez juegos de sábanas de dos plazas a tu hermana y el señor con el que se casa además de dos salidas de baño y tres juegos de toallones y batas con pantuflas ¿Estará bien? Total… ¿Cuánto les va a durar el amor?

La Paca ya no es la misma, me la cambiaron. Apoya el futuro posible fracaso matrimonial de su propia nieta, es un monstruo septuagenario sin corazón como ese obispo de La Plata. Una ironía de patas con algunas várices medio molestas, que regala blanquería vaticinando un amor fugaz como vacaciones de clase media y lo dice como si nada como haciéndome cómplice de una maldición frente a una simple taza de té solamente por impactar mi psiquis y anular del diálogo el asunto de mi santo pecado a temprana edad. No entiendo nada, aunque… ¿en el fondo está dándome la razón o no? y con “palabras cifradas” asume que mi acción fue un desacierto con suerte, que intenté escapar de un infierno metiéndome sin querer en otro pero al menos no firmé nada ante ningún “su señoría mantantirulirulá”.

Tenía 18 años y éramos las tres fanáticas de “Te amo y te amaré desde la tierra a la luna por siempre y para siempre” una telenovela que protagonizaban Viviana Saccone y Osvaldo Sabatini, típica novela de la tarde y los actores de siempre, creo que Lydia Lamaison hacía de abuela en cuatro novelas a la vez ese año, hasta me atrevería a decir que fue record Güinnes y todo. Edda se identificaba con el personaje de Viviana que era secretaria de odontólogo como ella y yo con los tubos del Ova por ese año estaba medio fortachona. ¿No sé que por qué? pero estaba enganchada con la historia casi el único momento en el mundo que compartíamos juntas. Las dos casi cayéndonos de la silla, la mitad del cuerpo sin apoyo con el torso adelantado mil kilómetros como queriendo entrar en la pantalla viviendo ambas en un código re lindo, comentándonos cosas que sucedían unidas por algo por primera vez en la eternidad siendo los de afuera verdaderamente de palo. Olvido a veces se sentaba ajena poniéndose molesta como mosca en plena siesta a la que contestábamos con manazos al aire y chistidos cortos alternados.

Llegó el día del gran final luego de unos 6 o 7 meses de idas y vueltas, una agonía eterna para llegar al desenlace que suponíamos iba a ser el de de siempre. Creo que ninguna durmió en toda la noche. Edda madrugó para ir al consultorio con una chochera gigante a la expectativa del espacio de esparcimiento que tenía entre ambos turnos de su horario laboral partido luego del almuerzo. Yo nada, ordené la casa, salí andar en bicicleta y volví a preparar el almuerzo para todos.

Sonó el teléfono mientras yo revolvía el guiso, corrí también con chochera y era Edda llorando a cántaros, no le entendía nada. – Tranquila Edda ¿Qué pasa? – Claro, surgió un tratamiento de conducto urgente en el consultorio y no llegaba a volver a casa implorándome ante todos los Dioses que le grabase el capítulo último de nuestra telenovela. Le contesté que se quedase tranquila, que contase conmigo, que sabía lo que para nosotras significaba la resolución de la historia de amor de Vivi y el Ova.

Luego del almuerzo preparé la casetera y batí un café de los grandes como 20 minutos para tomarlo bien espumoso hasta que llegó el momento y de tanta emoción nunca apreté el “rec”. El final fue atípico Ova murió en un accidente de avión y Vivi se metió en un convento de monjas para poder afrontar el dolor, yo sospechaba que estarían planeando una segunda parte pero nunca sucedió.

Yo ya dormía y Edda volvió tardísimo luego de un arduo día de trabajo, cuando fue a la casetera se encontró con un partido de boca contra no sé quién que había grabado papá la semana anterior y entró en ira. Me despertó de un almohadonazo a los gritos, prendió la luz y a dos centímetros de la cara volvió a decirme “descorazonada”. Papá la separó antes que me arrancase cada mechón de pelo y en ese mismísimo momento me prometí irme con el primer tipo con el que me cruzase y no volver nunca más porque me parecía una idiotez hacerme monja y más idiota aún caer en lo de la abuela como a los 6.

No pegué un ojo en toda la noche, segunda noche consecutiva. Me levanté una vez que escuché que todos ya se habían ido y cuando me disponía a salir a embestir al primer tipo con el que se me cruzase me topé con un policía que vendía rifas para la comisaría más cercana que justamente estaba por tocarme el timbre. Lo miré a los ojos y le dije que quería pasar el resto de mi vida con él. Agarré mis cosas y nos fuimos juntos. Se enamoró al instante de mí. Dos cuadras más tarde le pregunté su nombre – Felipe ¿y el tuyo? – me contestó.  

sábado 25 de junio de 2011

La viuda de Rolo

“Ya no quiero arroz” le oí decir a Circuito en un pensamiento, no merece una dieta a base de arroz porque ya estamos más sólidos y el arroz es mejor guardarlo para la boda de Olvido y el viejo perverso. Circuito no come tanto. Puedo costear alimento balanceado. Circuito es como dicen ahora “alcoléxico” como Celeste Cid.

Mi hermana anda de acá para allá con el tema del casorio. Edda dice que anda de acá para allá pero es mentira. Es una puesta en escena como siempre. Solamente critica cada acción de Olvido, tira ideas teóricamente geniales pero no mueve un dedo. Con Álvaro discutieron fuerte, él le pidió que no se meta si va a refutar cada cosa que digan. Así que la cosa viene tensa, prefiero un “Cualquier cosita que necesiten llámenme posta, a la hora que sea” y listo.

Un poco me emociona, tengo ganas de participar y vestir de gala a Circuito para no caer sola, ni con Mirta y piensen que soy tortillera. Me imaginé bailando “Será que no me amas” como Björk con el gatito en el video clip de Spike Jonze y me copó la idea. Somos una pareja excéntrica, de otro planeta y más aún desde que gasté la mitad del primer sueldo de “Lanchitas vicio” en Dexalergín porque hasta entonces éramos tan incompatibles como cualquier pareja conformada por un cactus y un globo. Totalmente incompatibles al tacto y no quiero pasármela con la cara irritada únicamente por no estar sola.

Por el momento acumulo, en una cuevita, arroz y Dexalergín como un roedor en invierno de pelaje dorado como el que vive en casa de mi vecina de abajo. Tendría que inscribirme en “El club del Wheeky” pero no tiene sentido porque no tengo cobayo y si me anotase en “El club del gato” seguramente estaría anotándome en algún club de chicas facinerosas y señores putañeros o en un programa de espectáculos con desfiladero de modelos pulposas y Mini Coopers 0 km. con vidrios polarizados.

Felipe soñaba con esas minas. Lo recuerdo comentando episodios de “Rompeportones” con compañeros de oficio mientras me sentía la mujer más chata del mundo con las lolas de Sabrina Pettinato en primer plano y fue un flash verla en vivo y en directo bajando de un Mini Cooper en la puerta del canal esta mañana con cara de pocos amigos, carterita y las llaves del coche en la mano. La miré y ni me registró. Justamente bajábamos con Orlando y Francesco Currito de un remis que nos mandó la producción de “Metiches”. Orlando intentó seguirla pero nos frenaron en la entrada, otra vez hice sonar el detector de metales y fue un escándalo instantáneamente superado. Suerte que Francesco está en todo y antes hizo que guarde en el bolsito una radiografía del brazo metálico. Esta vez no llegó a ser tan embarazoso. Medio perdidos en los pasillos volvimos a cruzarla saliendo del baño de damas destilando olor a perfume. La vimos cruzarse con Roberto Pettinato puertas antes del estudio 2 y ni se registraron. Pensé que estarían peleados a muerte por alguna cuestión familiar, herencia, propiedad o vaya a saber qué. Orlando me corrigió al instante afirmando que no son parientes. En medio de la clase de farándula que estaba dictando Orlando los perdimos de vista.

Francesco volvió con una maquilladora medio petisita parecida a Henny Trayles que me acompañó a un cuartucho para revocarme un poco. Todo el tiempo traté de no pensar para no terminar escapándome en algún camión de exteriores. Francesco me rogó tanto que sentí gigantísima presión. Teóricamente el relanzamiento de su agencia estaba en mis manos y creo que nunca iba a soportar vivir con la culpa de no haberlo ayudado. Pedí el día en la empresa y prometí a cambio nombrarlos en la entrevista.

Orlando ya conocía el canal porque había desfilado en el programa de cumbia del fin de semana así que saludaba a todo el mundo. A él también lo saludaban, pero ahí se saludan todos por lo visto, menos los Pettinato que circulan en otra sintonía. Orlando es muy efusivo para saludar, pensar que antes me daba vergüenza ajena y con el tiempo me acostumbré. Llegó a ponerse como objetivo del día “chocar los cinco” con Roberto porque creía que Sabrina era más fácil que la tabla del cero. Henny Trayles me dijo que hacía años que no se la veía por el canal, desde la época en la que reapareció hablando de anorexia y bulimia híper raquítica, casi piel y hueso, una boca enorme y unos dientes que nada tienen que envidiarles a los de Luciana Salazar.

“Exclusivo. El testimonio más buscado. En su momento más duro rompe el silencio la viuda de Rolo. A las 13 en Metiches”.

Vi esas placas vistosas en la tanda publicitaria del noticiero en un televisorcito mientras la maquilladora terminaba de desenredarme un poco el pelo. Me corrió una ventisca fresca por el cuello que me encogió de hombros automáticamente y ni hablar del nudo que me bloqueó la respiración.

- Relajate nena, no pasa nada. – Dijo la señora mientras tironeaba con un cepillo.

Nada, recordé un comentario gracioso que hizo una señora que ni conozco ayer en la calle como para pensar en otra cosa. Me reí por dentro. Últimamente todo me causa gracia. Recordé que no podía olvidarme de nombrar “Lanchitas vicio” para justificar la movida. Inventé mentalmente speeches muy forzados para incluir el chivo disimuladamente y volvía a reírme sola. Volví a la realidad en algunos de los nudos más rebeldes en el pelo.  

- Sabe que yo conocí a Rolo Puente. – Le dije a la señora en uno de esos nudos de realidad.
- Y, si me imagino… Por eso estás acá. – Contestó la señora mientras intentaba ponerme una rosa negra como parte del peinado.
- No señora, estoy acá por otra cosa. Para darle una mano a Francesco con su agencia. El fue muy bueno conmigo y compartí un verano trabajando para él en Costa Brava. Justamente ese verano conocí a Rolo.
- Ah! Entonces estoy confundida y no sos su viuda. – Dijo la señora quitando de otro tirón la rosa negra de mi cabeza.
- No señora, vine a grabar un copete para un programa de moda que parece de cable pero no lo es con “Currito models” y no tengo que olvidarme de nombrar la empresa para la cual trabajo. Esta es mi tarjeta.         

La señora maquilladora tomó muy amablemente mi tarjeta, la observo acercándola a sus anteojos de ver de cerca y la guardó en el bolsillo de su corto delantal de trabajo.

- ¿Sabe usted que esta chiquita no es la viuda de Rolo? – Le dijo la maquilladora a otra señora que entró medio desesperada al cuartucho.
- Ni me lo digas, me vuelvo loca. ¡Estoy re podrida de estas minitas de mierda! No lo digo por vos querida - Aclaró mirándome. – La chiruza que iba a venir tiene el celular apagado, la voy a reventar.
- La chiquita conoció a Rolo… – Le dijo la maquilladora señalándome con la vista según vi en el reflejo del espejo.
- ¡Sos un diamante en bruto! – Dijo la productora como quien encuentra un diamante en bruto en el cordón de la vereda.
- No es tan así, solamente vi dos veces a Rolo. Una vez conversamos en la playa y me invitó a ver su obra de temporada “Prepará el siete que el ocho nos casamos”. Fuimos noticia ese verano. – Con una sonrisa recordé ese gran final en la pasarela vestida de novia. 
- ¡Una ganga! – Dijo la maquilladora poniéndome de prepo la rosa negra nuevamente en la cabellera.
- Ustedes están locas, lo vi sólo dos veces. – Les dije entrando en pánico por completo.
- Dos veces es más que suficiente en televisión como para lograr un sólido vínculo afectivo…. Vamos, al estudio y sin chistar. – Dijo señalando la salida del sucucho.
- Al estudio y sin chistar. – Dijo Francesco en una aparición repentina y desganada como quien no encuentra otra escapatoria.  

Una vez más mi madre y mi padre haciendo de las suyas, ésta vez ocupando los cuerpos de estos dos descocados. Mis piecitos solos se trasladaron al estudio arrastrándose en cada paso con la sola esperanza de no volver a oír la palabra “descorazonada” de la boca de nadie. Una vez más el posible reflote de la agencia de modelos estaba en mis manos, una trucha y la otra no. De veras me sentí viuda y la maquilladora, tomándome desde los hombros, parte del cortejo fúnebre hasta un asiento comodísimo casi en medio de un estudio completamente vacío de seres humanos, con luces enormes y paneles de colores colgados desde lo alto del techo. Todo brillante como envoltorios de golosinas. El aroma sinceramente no lo recuerdo porque seguramente no fue lo más importante con tanta información visual entre televisores de todos los tamaños en los que me vi reflejada cientos de veces en la soledad del estudio. Me vi linda pero sufrida, incompleta con el faltante de Rolo, mi gran amor. Nunca me casé de verdad, nunca nada fue de verdad. Me la paso siendo ficcionada desde el inicio de los inicios. La abuela Paca siempre detestó que me fuese a vivir con un tipo sin la bendición de Dios. En mi desesperación del momento Dios no cortaba ni pinchaba. Casualmente el 8 se casa mi hermana así que desde el 7 tendré que estar lista y más entera que nunca para acompañarla.

El inicio del programa estaba siendo retrasado porque la presidenta estaba haciendo uso de la “Cadena Nacional” la cual vi muy atenta en uno de los monitores. Anunciaba subsidios para amas de casa mini emprendedoras y presentaba en sociedad un proyecto de ley para que cada una de las señoras argentinas pudiesen tener su propio tapado de piel ecológica para pasar el invierno. Inmediatamente pensé en Mirta, no por el tapado de piel ecológica sino por el subsidio. Hice una nota mental para avisarle luego. 

- Señora, se canceló la salida al aire de “Metiches”, la cadena se extendió demasiado tiempo y directamente la programación continuará con el programa que le sigue. La acompaño hasta la puerta. – Dijo un joven muy amable.

Sentí un alivio. Busqué caras conocidas saliendo del estudio y no vi a nadie. Pregunté por Francesco y nadie supo decirme. La maquilladora había terminado su horario de trabajo y la productora seguramente ya estaba trabajando en nuevos escándalos. Supe que Orlando no logró “chocar los cinco” con Roberto pero a cambio comprobó que Sabrina era más fácil que la tabla del cero. Se la transó en el baño de hombres y se fueron juntos. 

martes 1 de febrero de 2011

Lanchitas vicio


Evidentemente la cosa cambió. El hombre de la casa tiene una cola de caballo bien rubia y su actual marido duerme y se lame las patitas día y noche. Hijos no tenemos por ahora y aunque ya se me está pasando el cuarto de hora no pensamos adoptar por el momento. Tampoco es que lo hemos conversado mucho. Recién estamos acomodándonos con mi sueldo. Él no consigue. Tampoco busca mucho. Yo no insisto. Las presiones no me van. Soy alguien bien “presionable” y sé pararme en la vereda de enfrente. Uff! Como lo justifico… Pero está a mi lado ¿y que más quiero?

Casi no rompe nada. Está enorme como esos gatos a los que les cortan los testículos. Nunca entendí bien, pero lo he oído mil veces. “Ese gato está castrado por eso es gigantesco”. No es igual el caso entre los seres humanos. A los varones de nuestra especie les pasa distinto, a ellos la voz se les aflauta como a los Air Supply, Pet shop boys o Bee gees. Mika, por ejemplo, debe tener un sólo testículo porque aflauta de a ratitos. Yo supongo que la voz se les agudiza del grito de minita alarmada por un roedor en la cocina que pegan del dolor cuando se los cortan y no hay vuelta atrás. Eso sí… No crecen ni un poquito.

- Me voy a trabajar. ¿Sabés? Sé buenito. Dejo puesto “Animal planet”, tenés comida en el platito y vodka en la tapita del desodorante de ambiente.

Camino diez cuadras por la vereda del sol. Tomo el colectivo 765 de cartelito verde agua y en veinte minutos estoy en el puerto. El entorno al llegar es medio desprolijo por no decir villero. Son dos cuadras al bajar del colectivo que camino medio aterrada aferrada a la cartera subestimando a cualquiera que se me cruce. Y nada, sólo son dos cuadras, cuando llego la historia es otra. La empresa esta buena. Ver gente irse, llegar, visitar, despedirse y reencontrarse es increíble. Casi nunca viajo y la gente se embarca todo el tiempo. Tengo el río a mis espaldas con un horizonte incierto, bah incierto. Sé que a unos metros más de ese horizonte se encuentra Colonia y como no conozco no es más que un horizonte, una gran incógnita, un triángulo de las Bermudas que te traga durante unos pocos días en medio del Río de la plata. No es más que tierra firme del otro lado y nosotros (me puse la camiseta de la empresa) sólo un confortable medio de transporte.

Entré en la recepción de “Lanchitas vicio” y ofrecemos lanchas al Uruguay. Todavía no me subido a una en plan viajera. Me marea un poco cuando las lanchas están amarradas y las veo ondularse en el puerto. Al puesto de azafata le huí, podría haber sido un papelón vomitar al pasaje y no tener forma de escaparme porque nadar no sé. Me animé a la recepción y los beneficios del aire acondicionado. El traje que me dieron es con aires de marinera: sombrerito, camisa blanca y una falda tiro alto azul marino, obvio. El edificio no es muy grande, con enormes ventanales como si fuese una cajita de cristal con soportes en material de color hueso, blanco impecable. Me tratan como una reina. Son todos muy agradables. El servicio por ahora es impecable así que la gente va y viene con una sonrisa de oreja a oreja. Creo que en esa cajita de cristal encontré mi lugar en el mundo. El río me relaja, el sol me “encalidese” por todos lados siendo resguardada por paredes de cristal tipo cámara gessel y el agua dulce como psicólogo mirón. Cualquiera. Nunca usé metáfora más tirada de los pelos pero el clima siempre es tan ideal que estoy siendo tan positiva que ni Érica García podría haberle puesto más onda.  

Coqui viajó mil veces a Uruguay dice que tengo que conocer, que si quiero podríamos ir juntos a descansar un fin de semana. No está mal la idea más ahora que hasta gratis podría viajar. El tema es ¿qué hago con el gato? En casa de Mirta podría pasarle cualquier cosa. A las siamesas les encantan los animales pero son un poco torpes podrían estrujarlo de un abrazo y tendría que enojarme mucho con ellas, y como las quiero demasiado, terminaría enojándome conmigo misma. Circuito es lo que me queda de Robotito, gran dilema. Pensé en mamá pero forever and ever sobrevolará aquella locura del patito que nunca me perdonó y never and ever pude ser lo suficientemente clara y libre de corazón para tener una conversación adulta y explicarle lo que verdaderamente sentí en ese momento para hacer lo que hice. La abuela tiene sus gatos y allí “no cabe un alfiler” y menos si ese alfiler tiene cuatro patas. Podría llamarla a Olvido. Después de todo sería solamente un fin de semana. Un fin de semana que aún ni fecha tiene.

- ¡Olvi, te morís! ¿A qué ni te imaginás quién acaba de subirse a una de las lanchas?
- Estoy ocupadísima. Otro día me contás…
- ¡Mirta, te morís! ¡Tengo un chisme con el que tirás toda la semana con las del barrio!
- Rolón no me deja hablar en sesión. Ya está anotando todo esto. Chau.
- Coqui, estoy exaltada recién estaba recibiendo gente y…
- Dejá tu mensaje después de la señal. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiip.  

Grrrr. Nunca están cuando una los necesita. Encima el de la oficina me mira para que deje de hacer llamados y me encargue de los pasajes de una pareja de jubilados medio cajetillas hiperbronceadísimos que hablan en portuñol. No puedo dejar de ver a Silvio Soldán con un traje gris de media estación que viaja a Montevideo con una señorita rubia medio felina para no perder la costumbre. La señorita tiene una venda en la nariz seguramente producto de una rinoplastia y él muy caballero pero con olor a naftalina. En realidad no estoy segura si lo del olor lo inventé o qué. Siempre lo imaginé con ese olor y por ahí distraje en aquella fantasía y lo crucifiqué “aromísticamente” hablando. Ella seguramente será famosa en cuestión de semanas. No quiero borrar su rostro de mi cabeza pero los jubilados no paran de distraerme con una seguidilla de palabras al estilo Carmen Yazalde y Cau el de Valeria Lynch con mil años más, que no entiendo nada. Colapsé en cholula.     

Mi turno ya termina. Guardo todo rapidísimo. Quiero llegar a casa y enterarme si lo de Soldán ya es noticia. Me encanta la fantasía de que yo sola lo sé aunque en el colectivo tengo ganas de contar esta pavada. Con mis amigos estoy ofendida. Sé que es una pavada pero estoy positiva y la vida me sonríe. Una vez en la vida que le meto onda tengo que aprovechar y aferrarme de estas pavadas para sentirme viva. ¿Se me chifló el moño? No lo sé pero estoy bien. Se lo cuento a un tipo que tengo sentado al lado mío, un pelado de contextura muy chiquita.  

- Silvio Soldán viajó recién a Montevideo con una rubia toda operada. No aprende más este tipo.
- Realmente – Me contesta el pelado. Tengo la sensación que ni siquiera estuchó lo que le dije y respondió automáticamente y sin ganas como cuando alguna vieja me comenta cualquier estupidez que no me interesa en la cola de “Gas porteño” luego del segundo vencimiento. Igual no me interesa, me quedé con el detalle de la voz de pito del pelado. No pude evitar ponerme a pensar si tenía o no testículos. De preguntarle me recibía de desubicada.

En la tele ni nombraron a Soldán. Hablan solamente de realitys y las compañías que llenan o no en el teatro. Compañías que en algún momento disfrutarán de la participación de la felina operada que vi con Silvio hace algunas horas.

- ¿No te jode que le diga felina a la novia de Silvio, no? – Circuito es el único que me escucha. Al menos escucha y no me hace sufrir aunque me haga estornudar. - ¿Y ese sobrecito?

- Lo dejó el cartero esta mañana.- Me contestó Circuito. Nah mentira. No hablamos el mismo idioma Jajaja. Sólo se limitó a bajar el sobre de la mesa del comedor, lugar donde él mismo lo había dejado para que no se extraviase, y entregármelo con sus patitas.   

“Las poderosas aguas no pueden apagar este amor” (Cantar de los Cantares 8:7) Olvido y Álvaro.

Se casa mi hermana. Es así como todo cierra. Era su casamiento lo que la tenía tan ocupada. Quiere que sea testigo de su boda. Ahora yo me pregunto… ¿Desde cuándo tan religiosa la mina esta? Acto seguido no hice más que acordarme de Bernardo Stamateas. 

lunes 18 de octubre de 2010

Cortocircuitos



Ayer jueves volví a “Libre como un libro” y no encontré ningún nombre adecuado en el librito de nombres. Di una vuelta y volví a comprarlo por las dudas. Lo miré durante varios días con un amor-odio terrible. No al libro. El libro no tenía culpa alguna de no contar con un nombre justo a mis necesidades. Al que miré raro fue al gato intruso.

A penas lo vislumbré aquella primera vez nos miramos feísimo. Fruncimos el seño hasta parecer nipones molestados por el reflejo del sol. Fue tan desafiante y marcaterritorio que me intimidó en mi propia casa. Un maleducado de otro planeta y encima alcohólico. Se pone fatal cuando no sirvo su destornillador y muere de sed. Sin ir más lejos el lunes fui a una entrevista de trabajo y cuando regresé la casa era un desastre. Se metió como perro caprichoso en el cesto de basura y desparramó todo. También araño toda la puerta de la heladera supongo que intentándola abrir. Supuse que ha observado que guardo ahí los ingredientes para el traguito.

Casi lo mato. Conté hasta un millón quinientos treinta mil novecientos cuarenta y dos antes que revolearlo por la ventana sin escalas al “accidente total”. Samantha pensó que estaba matándome con alguien, confesó luego cuando la crucé el martes en el veterinario comprando alimento para cobayos. Samantha se metió en “El club del Wheeky” y se juntan cada 15 días para hablar de sus mascotas, mostrarse fotos ridículas de cobayos, contar chistes de cobayos, presumir nuevas adquisiciones en cuanto a merchandising y de paso presentarlos en sociedad, hasta festejaron el cumpleaños de uno de los bichitos con una vela encendida sobre una hoja de lechuga mantecosa. Bajé mil pisos cuando la vi. Estaba pesadísima y yo solamente quería pegar con mi propia cinta adhesiva en la vidriera un cartelito que decía “Por falta de espacio regalo este hermoso gatito amaestrado para no traer problemas y dar amor” con el dibujo del gato más tierno del universo todo. 

Era miércoles y nunca sonó el teléfono. Puse el ringtone al mango para ni siquiera perderme la posibilidad ni darme el lujo de desperdiciar sacarme de encima al felino que lo único que hacía era provocar disgustos y estornudos. Todo el día hurgando en el altar de Robotito como si fuese de su propiedad, tomando su alcohol a diestra y siniestra (siniestra sobre todo) y comiendo mi arroz porque no quería gastar ni un centavo más en él.

Me dio tanta impotencia que entré en una crisis horrenda y demasiado exagerada sintiéndome invadida por ínfimamente un simple gato borracho como si nunca hubiese tenido que cargar con responsabilidad mas grande. Me confundí una vez más y me acosté en el incómodo sillón de mimbre con almohadones anaranjados a ver una de esas novelas de lata que pasan todo el día en Canal 9 soñándome entredormida una de esas protagonistas colombianas re pelotudas que se bancan todo tipo de cosas solamente para convertirse en el último capítulo en "la señora de la casa" despertándome envuelta en mocos de mi propia autoría, el pecho cerradísimo y el gato encima de la cabeza durmiendo como un ángel. Resonándome la premisa “¿Qué más da? Estuve casada con un idiota, sin ir más lejos”. Salté de un impulso y el gato voló a la luna. No podía respirar, el aire sonaba entre chifle y la chistosa risa de Patán en “Los autos locos”. El gato no entendía nada. Agarré 20 mangos y crucé a la farmacia en busca de algún antialérgico. No volví hasta el otro día.

Me fui a casa de Mirta, dormí junto a las siamesas al ladito en un colchón. Suerte que el antialérgico es lo suficientemente fuerte porque la cantidad de polvo que tenía acumulado en colchón era de no creer. Les leí “La gallina de los huevos de oro” y aunque están lo suficientemente grandes para cuentos no pude decirles que no. Me impresiona que me digan tía así que al segundo “Tía, leelos un cuento” respiré hondo y empecé el relato. Se durmieron enseguida. 

No pegué un ojo. La habitación de las siamesas es helada, les falta burletear las ventanas. Ellas ni se enteran, parecen atérmicas. Todo lo contrario sucede en el comedor de Mirta que es lo suficientemente excesivo de calor artificial, todo encendido a la mismísima vez. Desayuné con los cachetes colorados y las orejas al rojo vivo. En cuestión de algunas horas mi piel había transitado temperaturas tan opuestas como quien vacaciona en el desierto del Sahara pero en vez de arena, polvillo de colchón.

Mirta dijo que tenía que quedarme con el gato, que no sea bruta, que las alergias son psicológicas, que está científicamente comprobado en miles de investigaciones, que Rolón dedica un capítulo entero al tema en su libro.

Al mediodía les fui a comprar pan para el almuerzo. Comen mucho pan para mi gusto. Cachulo no te come nada sin pan y menos que menos cuando hay pasta y tuquito para mojar en la olla cuando Mirta cocina. Todo es desmesura en esa casa, Mirta le pone una tonelada de queso rallado a su pasta y ni hablar de sal y condimentos. Atentan contra salud en esa familia. Tiran de la soga hasta que alguno no cuente el cuento luego del almuerzo y ahí van a entrar en razones. No es un chiste, de entradita nomás pan con panceta y huevos fritos.

Nunca volví. Las nenas me invadieron de mensajes de texto para saber donde me había metido. Simplemente estuve cerca de media hora espiando la casa en la que fui “señora de la casa” pero sin suerte. Nunca les pregunto por Felipe y jamás lo mencionan a pedido expreso mío desde que huí de aquel lugar. Me costó mucho tiempo volver al barrio, me sentía en falta con ese tipo. Una tarada. 

No percibí movimiento alguno, el pan se estaba poniendo duro y la curiosidad mató al gato así que me acerqué un poco más saltándoseme el corazón cuando de pronto se abrió la puerta y salió una mujer de unos 40 años que me miró con esa cara de asco que tiene Silvina Escudero y la verdad ni recuerdo como vestía porque automáticamente giré la cabeza y me subí a un taxi que mágicamente pasaba como en una película de TNT. Una vez más huía como fugitiva. Dejé a una familia entera sin pan para el almuerzo. Un almuerzo con tuco y pasta. ¡Que me juzgue Dios!

Camino a casa llamé a Olvido para distraerme, le conté el tanguito del gato al que dejé deambulando en casa hace como un día y como la ratona no estaba seguramente se había divertido como loco, pensé. Mi hermana estaba camino a una reunión de Stamateas en el corazón de Caballito. No sé si hice tan bien en obsequiarle ese libro, creo que la metí en una secta solamente por un regalo de cumpleaños al que creí totalmente inocente.

- Hermana, no podés ser tan ingenua. Es más que evidente que el gato en el altar no es ninguna casualidad. Robotito necesitaba comunicarse contigo de alguna u otra manera. ¿Cómo puede ser que nunca veas más allá de tus narices? Se corporizó en gato solamente para estar a tu lado como siempre lo ha hecho, presente o no.

El taxista mirando de reojo por el espejo retrovisor me intimidó y para no entrar en el tema más profundamente le contesté que tenía razón que iba a quedármelo sin chistar. Antes de cortar volví a preguntarle en que andaba además de meterse en esas conferencias medio turbias de los Stamateas y volvió a hacerse la interesante. “Dentro de muy poquito tendrás noticias, no te pongas pesada”. Le corté.

Una vez en la puerta de casa tuve la impresión de que no tendría rastro alguno de la presencia de Robotito reencarnado en gato y entraría en pánico, y sentiría culpa por haber abandonado a mi propio amigo solamente por no ver más allá de mis narices. Todo lo contrario, había rastros. La casa estaba hecha una ruina, las cortinas parecían pollerita de amazona.  Además volvió a meterse en el cesto de basura y toda la bola. Resigné la ira. Hubiese sido el colmo tomar otro taxi y volver a lo de Mirta como rebotona por la ciudad.

El señorito durmiendo para variar sobre el cassette de Michael en el altarcito como si nada. Ordené sin hacer ruido. Me senté durante una hora sin pensar en nada a observar la pulcritud resultante. Cenamos juntos arroz blanco y definitivamente el libro de nombres era más eficiente para compensar la pata despareja de la mesita del televisor.  

Hace un rato llamaron por el aviso del gato y mentí. 

– Suerte que gané una millonada en una raspadita y pude mudarme a una quinta con un terreno enorme, Circuito está chocho.  
- ¿Quién es Circuito?
- Mi mascota, señora. Adiós. Que le garúe finito.  

Le corté porque que se me hace tarde. Tengo que llegar a tiempo a la veterinaria y despegar el cartelito antes que bajen la persiana hasta el lunes. Los dueños son judíos, los sábados no te trabajan.  

lunes 23 de agosto de 2010

Gente tóxica


- Que los cumplas feliz…
- Que los cumplas feliz…
- Gracias por llamar.
- Alguna tenía que hacerlo.
- Estaba por hacerlo en un rato. Desde la hora cero estaba por hacerlo.
- ¡Callate!
- ¿Comemos hoy o mañana?       
- ¿No hay fiestón?   
- No.
- Estoy muy ocupada.
- Yo no. ¿Qué estás tramando?
- Dame tiempo. Ya te enterarás…
- Dale, decime.
- No.
- Bueno entonces adiós. 
- A Dios no lo vas a ver nunca.
- Y vos menos, Tarada.

A Walter se le está haciendo costumbre enfermarse los jueves y faltar al programa. No se que pensar. La Sinred no da explicaciones. No entiendo que está ocultando. Las viejas rezan pensando que está haciendo algún tratamiento oncológico. A mí no me cierra. A punto de llamar a la parte comercial para exigir una repuesta haciéndome pasar por una empresa avisadora, caí a tierra de lo delirante del posible accionar. A veces siento que me obsesiono con idioteces como esta. A veces siento a Walter enemigo de la pequeña Esperanza de pintorcito en “Carita de ángel” esperando ser vengada en algún momento por esta mujer que necesita ir sacándose mochilas de tela rellenas de bulones de ferretería. Pedí I am what i am” de Mark Owen.

- Mi gracia es Griselda de Sarandí y esta mañana tenía ganas de “I am what i am” de Mark Owen. Cada día rezo por Walter. La radio está buenísima.

Algún día tendré que contárselo a un psicoanalista. Mirta quiere atenderse con Rolón. El otro día me contó por teléfono que está juntando dinero para darse el gusto de pedir una consulta con él. Le dije que no sea boba que el tipo no debía tener ni consultorio, ni título oficial. Me dijo que tendría que abrirme un poco y leer alguna de sus publicaciones. Quedó en pasarme su último libro a penas lo termine. Veré de qué se trata.

Últimamente me la paso estornudando y aún no estamos en primavera. Hay días que tengo que recurrir a esos antialérgicos de venta libre en farmacias. Porque se me hace imposible recargar el trago de Robotito sin que me pique todo. Coqui dice que es porque estoy movilizada. Yo digo que soy alérgica a todo y listo.

Mi idea era comer con Olvido y así oírla hablar solamente de sus cosas. Permanecer callada o bien aconsejarla con cosas obvias o responder con monosílabos para mantenerme participe. Está ocupada y no puede. Pensé entonces en ir sola al cine y comer alguna pavadita por ahí. De paso comprarle algo por nuestro cumpleaños, seguramente nos veamos en los próximos días si es que se desocupa.

No sabía que regalarle a mi propia hermana. Caminé mil horas y no se me caía una idea. Me llegué hasta “Libre como un libro” y me la pasé mirando títulos un rato largo. Me siento muy idiota al entrar a una librería. Una ignorante. Me da vergüenza averiguar o pedir una aproximación a la hora de regalar algo. Me llegué a los de autoayuda. A Olvido le encantan esos libros. Encuentra la clave del bienestar continuamente en ellos. Dice que Osho le salvó la vida y ni hablar de los cuentos de Bucay. Un día me reí de Galeano y casi me pega una trompada. Son muy cursis sus libros según he hojeado. Pensé en Rolón pero quería leer lo que le regalase antes de entregárselo y Mirta me prestaría su última publicación. No tenía sentido.

Miré de pasada una publicación de bolsillo sobre el significado de los nombres y Esperanza es la que confía en Dios. Olvido no aparece en ningún recoveco del texto. 

Finalmente di en la tecla. Tantas horas viendo televisión seguramente me llevaron hasta “Gente tóxica” de Bernardo Stamateas. Me reí por dentro. Lo sentí adecuado. Era la excusa perfecta para leerlo y ver sin culpas de qué se trataba. Tuve vergüenza hasta que lo vi envuelto. Lo acerqué a la caja siempre con la contratapa a la vista para no quedar escrachada ante los otros clientes y empleados que seguramente me creerían una loca desesperada con mala lectura en su haber.  

El estar en la calle me purificó la alergia. Encima esa costumbre de rascarme los ojos que me deja deshecha, desfigurada. Volví a casa suponiendo que Robotito tenía sed. Todo el día retumbó la canción de Mark como soundtrack de mi cumpleaños. Compré tres empanadas de humita para la cena al regresar como símbolo de autodestrucción, de lo tóxica que una puede ser consigo misma.

- Stamateas debió pensar en mí cuando ideo el libro. Muchas veces la peor toxicidad es la autotoxicidad, la que no permite ver más allá de tus propias narices.- Pensé en voz alta

Me calló la ficha y ni siquiera llegué a leer el libro. Lo dejé para otro día. Pensé en Mark Owen, en mis sueños de adolescente, en los bulones, en la cantidad de mochilas de tela que habré desfondado durante toda mi existencia. Estornudé pero no me rasqué ni la nariz, ni los ojos.

-¿Que hace este gato acá?- Volví a pensar en voz alta cuando lo sorprendí tomándose el destornillador de Robotito. – Soy alérgica a los gatos – Recordé. – No pensar, no pensar.